Estudian peluquería para alcanzar un futuro mejor

Ella es trans, tiene treinta y ocho años, hace ocho que llegó desde Perú, y fue prostituta en las calles del Microcentro. Espera que este curso sea la posibilidad de no regresar jamás más a ese planeta. Ella tiene 28 y trabajó en un bingo hasta el momento en que, por un grave problema familiar, renunció y quedó al cuidado de sus sobrinos. Siempre le interesó la peluquería, mas no podía pagar los entre dólares americanos dos mil y dólares americanos 6.000 que sale un curso de peluqueria profesional. Él es el único hombre de la cursada y hace 10 años que es cajero en una pizzería. Quiere ser colorista para tener una profesión que le deje mejorar.

Clarín estuvo en la construcción Central Park (California 2000) con el primer grupo que va a aprender -a lo largo de 9 meses y sin cargo- técnicas de peluquería con los profesores de la academia de Oscar Colombo. Y, con el estudio de Jazmín Calcarami, lo último en maquillaje. Los egresados obtendrán un “Certificado de Formación Profesional”, avalado por la Segregaría de Empleo del Ministerio de Trabajo de la Nación. Además de esto, incluye la realización de una práctica profesional al concluir la cursada.

Los cursos son una parte de un proyecto conjunto de la Fundación Pescar con el grupo L’Oreal y el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, que el día de ayer dejaron estrenada en Barracas la escuela profesional de peluquería y maquillaje para personas en situación de vulnerabilidad. Sayuri, Viviana y Ezequiel representan 3 historias entre los 130 seleccionados para la iniciativa Belleza por un Futuro, que busca que para dos mil veinte accedan al rubro 1.500 personas.

“Tratamos de identificar a aquellas personas que tienen interés en la temática de la belleza y tengan la posibilidad de sostenerlo en el tiempo, porque es un curso muy largo. Buscamos darle la ocasión a aquellas personas que por otros medios no podrían llegar a esta capacitación”, explica Julieta Taboada, de la Fundación Pescar. En esa búsqueda, charlaron con referentes de organizaciones sociales, barriales, escuelas y parroquias para encontrar a los candidatos indicados.

“Tuve dos entrevistas en el Ministerio de Desarrollo Social y me dijeron: ‘quedaste’. Igual pensé que iba a ser mentira, que no me iban a llamar. Pero aquí estoy”, afirma Viviana Martínez (28) frente al espéculo en el que peina a esa cabeza plástica de pelo obscuro. Vive con su hermana, su cuñado y los hijos en Boedo. Ya hace ya un tiempo que no trabaja en el Bingo Belgrano, “por problemas personales, debí hacerme cargo de mis sobrinos y no procuré otro trabajo”, relata. Viviana le corta el pelo a su papá, a toda su familia, y se tiñe sola.

“Esta es una enorme ocasión. Ya vino Colombo, nos peinó a todas. Si tenés que abonar este curso en otro lado…yo no podría, es imposible”, aclara y proyecta: “Creo que todos y cada uno de los que estamos acá el día de mañana podremos trabajar de esto. No solamente en algún local, asimismo vamos a poder poner nuestro propia peluquería, o hacer trabajos a domicilio” . Una vez terminado el curso, todos se llevarán su kit de peluquería para comenzar a trabajar por su cuenta.

Las clases comenzaron el 1 de octubre, pero la inauguración oficial fue un mes después. La primera camada va a tener ciento treinta estudiantes que comenzarán a estudiar de manera escalonada. “Diferentes programas del Gobierno de la Urbe asimismo nos derivaron posibles aspirantes. Conque puede haber gente de Barracas, o bien gente derivada de otros programas sociales de Nación que vienen de Provincia”, explica la organizadora.

El curso de peluquería que presenció Clarín, de 9 a doce y treinta, tiene 23 elegidos. 15 de ellos viven en villas, exactamente, en la 1-11-catorce, la veintiuno-veinticuatro o bien la de Dock Sud. Aparte de la vianda del almuerzo incluida, a los seleccionados se les da entre dólares americanos cuatrocientos y dólares americanos quinientos de viáticos en dependencia de lo que gasten al viajar.

Sayuri Malena Taco Castro (treinta y ocho) recibió en el mes de junio su DNI de extranjera, con su identidad de género escogida. “Apenas llegué de la ciudad de Lima me metí en la calle, prostituyéndome en microcentro. Pero siempre y en todo momento tuve la meta de apreciar salir de eso y ser algo más. En Perú hasta cursé estudios terciarios. Pero en mi país no podía ser quien soy, vengo de una familia muy conservadora. Vine a Argentina a liberarme”, apunta. Una prima le pagó el pasaje y le viró dinero para una estadía corta. Después, dependía de Sayuri su futuro en estas tierras.

Hace tres años dejó de “hacer la calle”. Lo hacía para juntar plata para sus implantes mamarios y la rinoplastía. Quería operarse con un cirujano legal, no caer en la marginalidad que veía en su entorno. “Este curso es una bendición, una salida para no volver nunca al pasado”. Llegó por una amiga de la Asociación de Travestis, Transexuales, Transgéneros de Argentina (ATTTA). “Ella no podía tomar el curso porque trabajaba en el Congreso, en un hospital y en la asociación, no le daba el tiempo.Y vio en mí que deseo tomar el buen camino”, reconoce.

Si bien el 90 por cien de la camada inicial son mujeres, con la integración de la diversidad como bandera, Belleza por un futuro abrió esta oportunidad a las trans y a los hombres interesados en el rubro.

“Es un comienzo para mi desarrollo profesional y poder mejorar y mudar el rubro, pasar de la gastronomía -trabajo en una pizzería desde hace 10 años- a la peluquería”, cuenta Ezequiel Distritos (veinticinco). Y sigue: “Tengo la fortuna de ser el único varón de la cursada. No tengo inconveniente en decir que soy homosexual. Es un grupo excelente. Sin prejuicios”.

Aparte del contenido técnico, Pescar dicta a los alumnos contenidos “blandos” a fin de que los egresados tengan competencias para entrar y sostenerse en el mercado laboral. “Trabajamos habilidades de comunicación, temas como autoestima, trabajo en equipo, microemprendimientos y búsqueda de trabajo”, mantiene Taboada. En el caso de peluquería, los pupilos tienen tres veces a la semana capacitación técnica y un par de veces a la semana clases con la fundación. Todo transcurre en exactamente el mismo lugar y, en el momento en que egresan, se hace un seguimiento de cada uno de ellos durante al menos dos años.

Y a esto se refiere Ezequiel cuando dice: “Acá se busca una formación como persona, más allá de la técnica. Tener una formación para cumplir los sueños de cada uno de ellos. Tras este curso voy a proseguir formándome en técnicas de coloración”. Su sueño, y el de sus compañeras, está más cerca que jamás.

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